La vida no te está esperando en ninguna parte, te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás.

Osho

lunes, 30 de enero de 2012

Franklyn Mieses Burgos

EVA RECIÉN HALLADA

Tú que habitas ahora despierta sobre el agua
rota de los diamantes.

Tú que habitas ahora, como una llama vida,
lo mismo que lámpara desvelada en su propio
mundo de claridades.

No eres la terrible, la fulgurante luz
que llega de los cielos.

Eres la espada fina, la silenciosa espada
que siega las tinieblas,
el más agudo grito salido de las mismas
entrañas de las sombras.

Entre el río de siempre cubierto de ceniza.

El río inevitable
donde mi amor aguarda la primitiva lumbre
que quiebra sus metales,
sus desoladas selvas, sus ópalos del aire.

Eres la iluminada,
la solitaria esquiva que defiende los bronces
de la noche y del alba.

¡ Radiante forma anclada de los vivientes orbes,
traspasado por ti derrumbo mis orillas,
hago rosas de hielo de mis propias palabras!

-¿En cuál lecho de otras arenas diferentes
creció de soledades
la noche que en tus pulsos moja en agua celeste
su roja llamarada?

En la ola de vidrio furiosa que te envuelve
lo mismo que una torre,
como una firme hiedra de sed devoradora,
construida de ciegos arcángeles te elevas
más allá de las nieblas,
hacia los nuevos soles que laten en tu sangre
llovida de amapolas.

-¿Es el amor que esperas erguida en el umbral
de la rosa más alta?

¿De la encendida rosa que el verano calcina
con sus labios de fuego?

Debajo de la muerte total otras campanas
desesperadas claman,
claman otras campanas
debajo del silencio donde crece el vacío
como una flor helada.



Franklyn Mieses Burgos





CANCIÓN DE LA NOCHE LARGA
En la noche y bajo una
muda elocuencia de piedra,
la sombra de los cipreses
es como un grito en la niebla.

Coros de voces descalzas
ponen sus ágiles pies
sobre las copas oscuras
de los árboles; después
la aguda espada de un grillo
hiere un hermoso silencio
de blanca carne de lirio
y de cabellos de incienso.

Yo sueño con que tus manos
se van perdiendo a lo lejos
como dos trémulas alas
tras la negrura del cielo.

Soledad de soledades:
mi corazón está solo
frente a esta noche que crece
como un rosal sin colores.

Si pudiera ver el mar
que me recuerdan tus ojos,
se trocarían en lumbres
mis soledades en sombra;
se llenaría de flores
el limonero más alto;
con sus mejores kimonas
vendrían las mariposas
de donde nadie lo sabe;
la luna se iría entonces
cantando por otra calle,
y una frescura de infancia
se me entraría en el alma:
ya no sería yo el mismo,
el de esta noche tan larga;
con otro cuerpo distinto
y el corazón en las manos
retornaría de nuevo
para jugar en la playa.

Canciones de primavera.
Olor a tierra mojada.

¡Todo si viera tus ojos
en esta noche tan larga!


martes, 10 de enero de 2012

Mi vaso verde


Mi vaso verde

A Enriqueta E. Ellis
Mi vaso glauco, pálido y amado,
donde guardo mis flores predilectas,
tiene el color de las marinas algas,
tiene el color de la esperanza muerta...

Las flores tristes, las dolientes flores
en el agua del vaso se refrescan,
y bañan sus corolas pensativas
en una blanca idealidad de perlas.

Y luego se van lejos... se marchitan
abandonadas, pálidas, enfermas,
muy lejos del cariño de ese vaso
que es del color de la esperanza muerta.

Y cuando sola, pensativa, herida
por la eterna nostalgia,
siento un perfume triste, moribundo,
que llega hasta mi alma...
pienso en mis pobres flores, las marchitas,
las enfermas, dolientes y olvidadas,
que antes de marchitarse se despiden
tristísimas y trágicas
de ese vaso de pálidos reflejos
que es del color de las marinas algas...

La Serenata de Schubert 
A Max Henríquez Ureña
Las notas del pesar hirió el artista,
y al doliente gemir del oceano
su música divina habló a mi alma
ese lenguaje trágico
que en noche triste hablaron al poeta
la virgen muerta y el callado piano.
Sollozaban las notas en el éter.
En mi alma el dolor siempre vibrante
sólo espera que un eco lo despierte
y ese eco fue tu piano; delirante
lo sentí palpitar, clavar su garra,
que el poder del artista es siempre grande:
él sólo puede dominar las almas
y en ellas despertar negros pesares.
De una ilusión perdida cada nota
semejaba, al vibrar, la despedida;
y al continuo surgir de amores muertos,
de mi propio dolor compadecida,
parecióme mi vida un gran desierto
mi alma una tumba solitaria,
un páramo sin luz donde el Ensueño
al rudo batallar quebró sus alas,
un sepulcro muy frío y muy oscuro
en donde muerto el Ideal estaba.
Y tú sufrías también; en cada nota
una queja de tu alma se exhalaba:
era el dolor que en flores de armonía
sobre el blanco marfil se deslizaba.
No sé qué ocultas penas,
con tu música mística expresabas,
mientras el mar gimiendo allá a lo lejos
con dolientes murmullos contestaba.
Yo sólo sé que tu dolor tan grande
me pareció de mi dolor hermano,
cuando hablaste a mi alma aquella noche
ese lenguaje trágico,
que en hora triste hablaron el poeta
la virgen muerta y el callado piano...



Altagracia Zoraida Saviñón y Saviñón, Tatá para sus familiares y amigos, nació en Santo Domingo el 28 de septiembre de 1886, hija de José Francisco Saviñón y Águeda Filomena Saviñón Bordas.

Una gran amistad la unió al poeta Osvaldo Bazil, del que se dice estuvo enamorada. Pero tan brillantes perspectivas terminaron en una tragedia personal: pierde la razón siendo aún muy joven y termina su vida, lamentablemente, en una celda del manicomio Padre Billini, entonces situado en la parte sur del antiguo convento de San Francisco. Aún se la recuerda con su sayón gris de San Francisco, pelo cortado al rape y una mueca de extravío en el rostro, garabateando posibles versos en las paredes desportilladas de aquel centro de beneficencia. De acuerdo al psiquiatra Antonio Zaglul, Tatá padecía una esquizofrenia de tipo paranoide, cuya primera explosión psicótica apareció a los treinta y ocho años.

El 3 de mayo de 1903 aparece en La Cuna de América «Mi vaso verde», una composición que habría de inmortalizar a su autora hasta el extremo de que sólo por ella ha logrado ocupar un puesto de honor en el parnaso dominicano, debido a que introduce entre nosotros el simbolismo.

Altagracia Saviñón no tuvo tiempo de escribir su obra, de la que apenas ha llegado a nosotros un par de poemas menores y dos prosas de gran fuerza poética publicadas en La Cuna de América. Sorprende, en un momento propicio a todo tipo de retórica, que una muchacha de 17 años, en sus inicios poéticos, haya producido versos tan depurados, tan avanzados en su factura y en sus imágenes como los de «Mi vaso verde». Muchos de sus artículos los firmó con el seudónimo de Violeta de la Fronda.

Dice el Dr. Mariano Lebrón Saviñón, primo de Tatá y también poeta: "Altagracia Saviñón pertenece al modernismo, hay quienes dicen que ella fue quien lo introdujo en Santo Domingo... Cantarle a un vaso verde tan llena de nostalgia, tan llena de tristeza, porque era una mujer muy sufrida, hermosa, pero enferma. Para Max Henríquez Ureña, ese es el primer poema modernista del país, por lo cual, la pone como pionera, contrario a la corriente que le daba este honor a Valentín Giró. Mi Vaso verde se publicó en 1900 y la Virgínea, de Giró, en 1902, de modo que ella es la introductora del modernismo en Santo Domingo".

Otro poema que posee iguales o parecidos méritos sería «Incendio» de Gastón Fernando Deligne, poema de juventud que desestimado por su autor, quedó en manos de particulares, por lo que fue conocido tardíamente.

Murió en su ciudad natal el 23 de diciembre de 1942.














miércoles, 4 de enero de 2012

Gólgota Rosa

El dominicano Fabio Fiallo - 'el poeta del amor' - fue un poeta muy popular. Supo explotar felizmente la mentalidad típicamente romántica de sus admiradores, y captar y condensar los sentimientos en unas cuantas palabras.

Los lances amorosos, la delicada atmósfera reproducida en sus poemas, a la manera de Gustavo Adolfo Bécquer, fueron suficientes para cautivar a toda una generación.


Gólgota Rosa

Del cuello de la amada pende un Cristo,
joyel en oro de un buril genial,
y parece este Cristo en su agonía
dichoso de la vida al expirar.

Tienen sus dulces ojos moribundos
Tal expresión de gozo mundanal,
Que a veces pienso si el genial artista
Diole a su Cristo alma de don Juan.

Hay en la frente inclinación equívoca,
Curiosidad astuta en el mirar,
Y la intención del labio, si es de angustia,
Al mismo tiempo es contracción sensual.


¡Oh, pequeño Jesús Crucificado,
déjame a mí morir en tu lugar,
sobre la tentación de ese Calvario
hecho en las dos colinas de un rosal!

Dame tu puesto, o teme que mi mano
Con impulso de arranque pasional,
La faz te vuelva contra el cielo y cambie
La oblicua dirección de tu mirar.


El silencio de unos ojos

Qué me dicen tus dulces ojos negros,
tan cargados de sombras, ¡oh, adorada!
que en la noche me basta su recuerdo
para llenar mi corazón de lágrimas.

Qué me dicen tus dulces ojos negros,
en su silencio lleno de palabras
tan leves, que el oído nunca advierte
cuando se adentran en mi oscura entraña...

Tal dos aves que buscan su refugio
en un agrio peñón de oculta playa,
y en su áspero nidal, en vez de cánticos
alzan al cielo súplicas calladas.


ASTRO MUERTO

FABIO FIALLO

EN EL ROMANTICISMO ANTILLANO


ASTRO MUERTO

La luna, anoche, como en otro tiempo,
como una nueva amada me encontró;
también anoche, como en otro tiempo,
cantaba el ruiseñor.
Si como en otro tiempo, hasta la luna
hablábame de amor,
¿por qué la luna, anoche, no alumbraba
dentro mi corazón?


PLENILUNIO

A Américo Lugo

Por la verde alameda, silenciosos,
íbamos ella y yo
la luna tras los montes ascendía,
en la fronda cantaba el ruiseñor.
Y le dije... No sé lo que le dijo
mi temblorosa voz...
En el éter detúvose la luna,
interrumpió su canto el ruiseñor,
y la amada gentil, turbada y muda,
al cielo interrogó.
¿Sabéis de esas preguntas misteriosas
que una respuesta son?
Guarda, ¡oh, luna, el secreto de mi alma;
cállalo, ruiseñor!